Durante este viaje me he encontrado con muchas personas que me dicen que tienen que volver a casa a trabajar, que se les acaba el tiempo, que no tienen tiempo para visitar más cosas, etc. Usamos esa expresión —»no tengo tiempo«— continuamente en distintos contextos. Pero, hablando con la gente, les decía: desde mi punto de vista, lo único que tienes es tiempo. No sabes cuánto, pero sí sabes que tienes el del momento presente.
El resto, yo lo llamaría prioridades. Justificamos el «tengo que volver», «tengo que ir», «ahora no puedo hablar» con la expresión «no tengo tiempo». Para mí, no es que no tengas tiempo, sino que decides hacer otras cosas con el tiempo que tienes o crees que tienes. Es una excusa magnífica, aceptada por casi todo el mundo y que no se cuestiona demasiado. Pero me la he estado cuestionando últimamente.
Tiempo es lo único que sé con certeza que tengo, en mi momento presente, sin saber hasta cuándo durará. Y veo que usar «no tengo tiempo» es una forma de evitar responsabilizarnos de muchas cosas.
Excusa o decisión
A veces uso el «no tengo tiempo» para cerrar una conversación que no quiero seguir. Me es mucho más fácil decir «me tengo que ir, no tengo tiempo» que «lo siento, prefiero hacer otra cosa que seguir con esta conversación». Lo mismo me pasaba en mis viajes anteriores: decía «no tengo tiempo» porque tenía que volver al trabajo. Pero, siendo honesta, no era una obligación, era una prioridad. Elegía volver antes que escucharme a mí misma, antes que permitirme explorar otras posibilidades, antes que ver y sentir lo que realmente necesitaba. Me resultaba más fácil enfocarme en lo externo que mirar hacia dentro.
Ahora estoy en el otro lado: mirando hacia dentro. Preguntándome:
- ¿Qué quiero?
- ¿Qué necesito?
- ¿Tengo propósito?
Estoy llena de cuestiones internas. Este viaje comenzó sin una fecha de vuelta determinada, sin marcarme un tiempo, con el objetivo de encontrar mi libertad interior y descubrirme por el camino. Me he dado cuenta de que, cuando elimino la presión del tiempo, aparecen otras preguntas: ¿qué significa para mí la estabilidad? ¿Puedo encontrar mi equilibrio sin necesidad de establecerme en un solo lugar? Mis prioridades han cambiado de foco.
Estar perdida no es estar mal
¿Cómo es este otro lado para mí?
Me siento perdida. Ya sabía que lo estaba, pero ahora soy más consciente que nunca. Y quiero hacer una aclaración: cuando lo comparto con otras personas, su primera reacción es de consuelo: «bueno, no pasa nada, ya te encontrarás», «no estés mal que seguro que ira bien». Pero yo nunca he dicho que sea algo malo. Parece que se da por hecho que estar perdido es negativo.
Yo no lo veo así. Solo puedo encontrarme o descubrirme. Experimentar. No sé qué va a pasar, pero no me engancho a los pensamientos de «qué perdida estoy», «qué hago aquí», «qué sentido tiene», «cuál es mi foco profesional», «dónde quiero vivir realmente». Tengo un millón de preguntas sin respuesta, pero tampoco quiero enfocarme en ellas.
Es cierto que me siento sin rumbo, pero también tengo claro algunas cosas que no quiero. No quiero volver a una profesión que me implique estar encerrada de lunes a viernes, ocho horas o más. No digo que no pueda hacerlo si siento una presión económica, pero a nivel profesional quiero flexibilidad, encontrar un equilibrio. Me encanta el mundo terapéutico, creo que podría decir que me apasiona, pero no quiero que se convierta en una necesidad por la parte económica. Quiero dedicar tiempo a esta parte profesional, pero tiempo de calidad, que me permita cuidarme.
Crear equilibrio: terapia, creatividad y descanso
Porque, aunque haya gente que crea que hacer sesiones terapéuticas no es cansado, para mí lo es. Requiere un estado de consciencia elevado y, a la vez, no confluir con los problemas del cliente. Entre muchas otras cosas, me afecta en mi estado de ánimo si hago más sesiones de las que realmente considero adecuadas. Así que estoy explorando otro equilibrio para mí.
El otro día, pensando en mi parte profesional, me di cuenta de que tengo la parte terapéutica con mis clientes, y también quiero incorporar el trabajo corporal a mi mundo profesional en el futuro, aunque aún no estoy en ello. Sé que es algo que quiero integrar, pero todavía no sé cuándo ni dónde, y prefiero darme el espacio de experimentarlo sin presiones. Y ahora estoy descubriendo que tal vez necesito dedicar una parte de mi día también a la creatividad.
Hay muchas maneras de estimular la creatividad. Ahora mismo estoy retomando el crochet y me gustaría combinarlo con el macramé. Cuando me pongo a ello, lo siento como un tiempo de meditación, un contacto con las manos, con la presencia. Me permite estar enfocada en mi momento presente. Es una especie de meditación para mí, donde el tiempo no existe.
Conectar con el presente, conectar con mi hogar
Conectar con el momento presente y responsabilizarme de mis prioridades con honestidad es algo que estoy trabajando en profundidad en este viaje. Poner límites es parte de ello y seguramente dedicaré otro artículo a este tema.
Por ahora, solo diré que conectar con el momento presente me brinda bienestar, paz interna y me acerca mucho más al amor. Me ayuda a no confundirme con mis pensamientos ni seguir las historias que me cuento.
Es cierto que siento que pronto tendré que tomar decisiones. No he publicado mucho durante este viaje porque he pasado por muchos momentos en los que mis ideas, pensamientos y proyectos eran muy distintos. Hace unas semanas tenía una sensación muy fuerte de que estaba cerca de cerrar un capítulo… en realidad, de cerrar un libro para empezar otro. Nunca antes lo había sentido así, pero la sensación era muy presente. También sentía que este viaje estaba terminando, y lo visualizaba como que acabar significaba volver a mi hogar.
Ahora tengo ganas de volver a ver a mi familia y amigos. Pero, ¿volver a mi hogar? Ni siquiera tengo claro dónde es mi hogar.
Al inicio de este viaje tuve un momento de necesidad de crear mi hogar. Y sigue siendo así, me encanta sentir un hogar. Pero me estoy dando cuenta de que siempre había pensado en el hogar como una casa física, en algún lugar. Y ahora siento que no va de eso. Que mi hogar está conmigo. Que mi hogar soy yo. Pero, al mismo tiempo, me ronda la idea de encontrar un lugar donde poder dividir mi tiempo, quizá vivir medio año en un sitio y medio en otro. No sé si es una fantasía o un deseo real, pero es algo que empieza a tomar forma en mis pensamientos.
He pasado por muchas etapas en este viaje y ahora mismo me encuentro en un momento confuso. No sé si alargar mi estancia aquí y darme un espacio para ver si tengo claridad —además, coincide con el Ramadán, un tiempo de reflexión— o moverme a otro lugar. O volver a mi lugar de origen.
Hablaba al principio de tiempo o prioridades. Y aunque suene irónico, parece que ahora mismo necesito tiempo para tener clara mi prioridad.
