Una invitación a mirar la coherencia desde otro lugar.
¿Te has encontrado alguna vez en una conversación dónde estabas completamente de acuerdo con la idea principal, pero aún así has sentido que el discurso era demasiado radical?
A mí me ha pasado, y me ha llevado a reflexionar sobre la coherencia personal y la autenticidad en la forma de vivir y expresarme.
¿Qué es, para mí, ser radical?
Siempre había sentido que una persona era radical cuando percibía su discurso como demasiado extremo, incluso cuando compartíamos la misma dirección. Pero con el tiempo, y ante esta incomodidad, he llegado a una conclusión que me ha abierto la mirada: quizás lo que interpreto como radicalidad, no lo es.
Quizás, simplemente, es coherencia.
Coherencia interna y externa
Me he dado cuenta de que, internamente, suelo ser bastante clara con mis ideas. Pero… ¿externamente? ¿He sabido transmitir lo que realmente sentía y sabía por dentro? O tal vez mi comunicación interna y externa no estaban alineadas.
Reflexionando, he visto que en muchos momentos de mi vida he callado o no he actuado por miedo a generar situaciones incómodas. Es casi irónico: por no incomodar a otros, me he permitido sentirme incómoda yo. Por no provocar una situación “violenta”, he tolerado una forma de violencia hacia mí misma.

¿Radicalidad o coherencia?
Ahora entiendo que muchas de las voces que antes me parecían radicales, en realidad eran personas profundamente coherentes. Su discurso no era extremo; era alineado. Y quizá lo que me removía no era su intensidad, sino el reflejo de mi propia incoherencia.
Estoy en un momento de mi vida en el que estoy explorando y ampliando mi entorno social. Conociendo a gente nueva con quien cada vez me siento más cerca de lo que soy. Personas con las que puedo nutrirme, compartir, mostrarme y, sobre todo, dejarme ser.
Entre estas personas, hay voces feministas muy potentes. Y aunque me siento alineada con la base del feminismo, en algunos momentos he percibido ciertos discursos como demasiado extremos. Con el tiempo, me he dado cuenta de que no era radicalidad, era coherencia. Su discurso interno y externo estaban alineados. El mío, a menudo, no.
El miedo a ser coherente
He visto cómo, por miedo a romper una imagen o perder vínculos, he sacrificado mi coherencia. He preferido callar antes que expresar lo que realmente sentía. Pero… ¿qué sentido tiene? ¿Por qué sostener la violencia hacia mí misma para evitar que otro se sienta incómodo?
Eso no es respeto, es autoabandono.
Y me he prometido dejar de justificar mi falta de coherencia con la excusa de que “ser coherente es demasiado radical”.
La coherencia como acto de respeto
Ser coherente no es ser radical. Es un acto de cuidado, de amor propio y de respeto. Es poner límites adecuados, atravesar miedos y creencias, y seguir acercándonos a nuestra esencia con consciencia.

¿Por qué tengo miedo de ser coherentes? ¿Por miedo a perder relaciones? ¿A dejar de ser la imagen que otros tienen de mi? Quizás sí. Pero si una relación se rompe por mi coherencia, tal vez es porque debe dejar espacio a otra más alineada con quien soy hoy.
Y si la imagen que otros tienen de mí cambia, perfecto: será una imagen más auténtica, más real, más mía.
Quizás la coherencia no es radicalidad.
Quizás es simplemente amor propio en acción.
Y desde este lugar, quiero expresar mi agradecimiento a todas las personas que he conocido en este camino y que, con su forma de vivir y expresarse, me han ayudado a abrir esta nueva mirada.
Gracias por mostrarme que la coherencia también puede ser una forma de amor.
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